En el marco de su visita a Chile como invitado internacional y Keynote Speaker de TRAFFIC Chile 2026, conversamos con José Ignacio Lijarcio Cárcel, investigador especializado en psicología del tráfico, factores humanos y seguridad vial de la Universitat de València, y presidente de FESVIAL (Fundación Española para la Seguridad Vial).
Su trayectoria en investigación, prevención, reeducación y seguridad vial laboral lo ha llevado a estudiar cómo utilizar el conocimiento y la información disponible para anticiparse al riesgo y contribuir a una movilidad más segura.

En esta conversación con CEA News, aborda uno de los grandes desafíos de la seguridad vial: dejar de actuar únicamente después de que ocurre un siniestro y comenzar a identificar los factores de riesgo antes de que estos se materialicen.
Partamos por una pregunta que está en el centro de la seguridad vial: ¿qué estamos haciendo mal cuando esperamos que ocurra un siniestro para recién preguntarnos qué podríamos haber hecho para evitarlo?
Creo que precisamente ahí está uno de los principales desafíos. No podemos eliminar por completo el riesgo, pero sí podemos reducir de forma importante la probabilidad de que ocurra un siniestro y, sobre todo, la gravedad de sus consecuencias.
Durante muchos años hemos dedicado mucho tiempo a investigar los hechos una vez que ya se han producido: ocurre un siniestro, investigamos qué pasó, buscamos las causas y analizamos la información desde una perspectiva jurídica, técnica u otras.
El desafío está en avanzar hacia modelos preventivos. La información histórica es fundamental porque, si conocemos lo que ha ocurrido en una empresa, una comunidad, una municipalidad o un país, podemos utilizar esa información como primera base para construir un modelo preventivo.
A partir de esos datos podemos identificar determinadas circunstancias, grupos de personas o situaciones que presentan factores de riesgo y comenzar a trabajar antes de que ocurra el problema. Ahí es donde aparecen los modelos predictivos. No se trata simplemente de reaccionar frente a un hecho que ya ocurrió, sino de utilizar la información disponible para anticiparnos y detectar aquellas situaciones en las que existe una mayor probabilidad de que ocurra un evento.
Desde su experiencia en psicología del tráfico y factores humanos, ¿por qué personas que conocen las normas y saben cuáles son las conductas de riesgo igualmente terminan adoptándolas?
Uno de los grandes desafíos es generar una cultura preventiva que sea sencilla y comprensible para toda la población. Conocer una norma o saber que una conducta es peligrosa no garantiza que actuemos de forma segura. Muchas veces las personas piensan: “A mí no me va a pasar; estas cosas les pasan a los demás”. Ese pensamiento es, precisamente, uno de los problemas que tenemos que abordar.
También existen situaciones en las que la experiencia puede generar una sensación de seguridad que lleva a disminuir el nivel de atención. Después de varios años ejerciendo una profesión, por ejemplo, una persona puede relajarse y bajar la percepción del riesgo. Por eso es importante identificar esos factores y trabajar sobre ellos antes de que se transformen en un accidente.
Si queremos pasar de una seguridad vial reactiva a una preventiva, ¿qué deberíamos comenzar a observar o medir antes de que ocurra un siniestro?
Tenemos que aprender a utilizar la información que ya tenemos, pero también a identificar indicadores que nos avisen antes de que ocurra un siniestro. Si contamos con información histórica suficiente, podemos transformarla en modelos que permitan identificar situaciones de riesgo y entregar información útil a las personas.
Podemos incorporar indicadores adelantados relacionados con velocidad, fatiga, distracciones, exposición, condiciones de la vía, meteorología, incidentes previos y otras circunstancias que permitan identificar situaciones críticas. El objetivo no es simplemente acumular datos, sino conseguir que esa información sea útil y nos permita tomar mejores decisiones antes de que ocurra un problema.
En el caso de las empresas y las flotas, ¿qué señales o indicadores deberían alertar de que existe un riesgo que podría terminar en un accidente si no se interviene a tiempo?
En el ámbito de las empresas y, particularmente, en la gestión de flotas, no debemos observar únicamente al conductor. También tenemos que analizar cómo organiza la empresa el trabajo: horarios, presión temporal, descansos, rutas, mantenimiento, selección de vehículos y cultura preventiva.
Tenemos que ser capaces de detectar los factores de riesgo que pueda presentar una persona, pero también considerar los elementos de seguridad disponibles, las condiciones del vehículo, el comportamiento del conductor y todas aquellas variables organizativas que puedan influir en el resultado. La información puede ayudarnos a identificar dónde están los principales riesgos y actuar antes de que se produzca un accidente.
Usted ha trabajado ampliamente en seguridad vial laboral. ¿Qué responsabilidad tienen hoy las empresas en la conducta y seguridad de sus conductores, y cómo pueden construir una verdadera cultura preventiva?
La seguridad no puede entenderse únicamente como una obligación del trabajador. Es una responsabilidad compartida entre la empresa y sus trabajadores. El compromiso tiene que comenzar desde la dirección de la organización y extenderse hacia todos los niveles. No basta solamente con cumplir la ley. Evidentemente, las empresas tienen que cumplir con las exigencias legales, pero hay que ir más allá.
Tiene que existir un compromiso real de la empresa con sus trabajadores, con la cultura de la organización y también con la cultura del país. El objetivo final debería ser mejorar la seguridad, la salud y la calidad de vida de las personas. El objetivo final debería ser mejorar la seguridad, la salud y la calidad de vida de las personas. Cuando el trabajo organiza el desplazamiento, la prevención también debe organizar su seguridad.
A partir de su experiencia en los programas de intervención y reeducación vial vinculados al Permiso por Puntos en España, ¿qué tan efectiva es la sanción por sí sola para cambiar una conducta de riesgo? ¿Qué papel deberían tener la educación y la reeducación?
Una persona puede decir: “No hago esto porque me van a sancionar”. La sanción puede modificar una conducta y, en determinados casos, puede evitar que ocurra un hecho. La sanción puede inhibir temporalmente una conducta y, en determinados casos, puede evitar que ocurra un hecho. Sin embargo, cuando hablamos de cambios reales y duraderos en el comportamiento, es necesario explicar el porqué.
Hay que explicar por qué una determinada conducta es peligrosa, cuáles son sus consecuencias y por qué es importante actuar de otra manera. La educación tiene un papel fundamental. Si solamente sancionamos, podemos conseguir que una persona cambie su conducta mientras existe la posibilidad de recibir una sanción. Pero si conseguimos que comprenda el riesgo, el cambio puede ser mucho más profundo y permanente. Por eso, la prevención también tiene que ver con la educación.
Hoy los vehículos y las plataformas de gestión de flotas generan enormes cantidades de información. ¿Estamos aprovechando realmente esos datos para anticipar riesgos o todavía existe una brecha entre tener información y utilizarla para prevenir?
El dato por sí solo no salva vidas. Salva vidas cuando somos capaces de convertirlo en conocimiento y el conocimiento en decisiones. Tenemos que ser capaces de transformar la información histórica en modelos que permitan entregar información útil a los clientes y a las personas. Además, nuestros clientes muchas veces no tienen tiempo para revisar grandes cantidades de información.
Por eso, podemos facilitar el acceso a los datos mediante herramientas más sencillas: microinformes, tablas, gráficos, mapas de calor o representaciones visuales que permitan identificar rápidamente dónde están los principales riesgos. La información tiene que ser comprensible y accionable. No basta con decirle al cliente qué ocurrió. Tenemos que ayudarlo a entender qué significa esa información y qué puede hacer a partir de ella.
La tecnología y la inteligencia artificial están transformando la movilidad. ¿Hasta qué punto pueden ayudarnos a identificar y anticipar situaciones de riesgo antes de que se produzca un siniestro?
La tecnología es importante, pero no puede ser entendida como la solución para todo. No creo en un enfoque tecnocentrista de la seguridad vial: la tecnología, por sí sola, no va a solucionar todos los problemas. Para mí, el centro es la persona.
Tenemos que partir de las necesidades de las personas, de las empresas y de la cultura, y después utilizar la tecnología como una herramienta para dar respuesta a esas necesidades. La tecnología tiene que estar al servicio de las personas. No se trata simplemente de desarrollar tecnología porque sí. Hay que entender qué necesita la persona y, a partir de ahí, diseñar la solución.
Usted llega a Chile como invitado internacional y Keynote Speaker de TRAFFIC Chile 2026. Desde su experiencia en España y otros países, ¿qué aprendizajes pueden ser especialmente interesantes para Chile y qué particularidades de nuestra realidad deberíamos considerar?
Es interesante observar la experiencia de otros países. En España, por ejemplo, se ha desarrollado una cultura de seguridad que ha permitido normalizar determinadas conductas preventivas. Evidentemente, no podemos simplemente trasladar esa experiencia y aplicarla directamente en Chile, porque cada país tiene su propia cultura, su propia historia y sus propias características. Pero sí podemos aprender de aquello que ha funcionado.
Chile ha avanzado y cuenta con instituciones, conocimiento, profesionales y políticas muy valiosas. El desafío, como ocurre también en España y en otros países, es consolidar una cultura preventiva cada vez más fuerte y conseguir que todas esas piezas trabajen de forma coordinada. Esto requiere tiempo, educación y constancia. Y es especialmente importante trabajar con los niños y jóvenes, porque ellos pueden convertirse en un elemento fundamental para cambiar conductas y establecer culturalmente políticas preventivas. Lo que aprendemos desde pequeños puede terminar influyendo en nuestra manera de comportarnos durante toda la vida.
Para cerrar: después de tantos años investigando y trabajando en seguridad vial, ¿qué deberíamos cambiar hoy en nuestra manera de entender la prevención para que el próximo siniestro que evitamos sea precisamente uno que nunca llegue a ocurrir?
Tenemos que continuar avanzando hacia un modelo verdaderamente preventivo. No queremos simplemente reconstruir lo que ocurrió después de un evento. Queremos trabajar antes. A partir de la información disponible podemos identificar necesidades, desarrollar soluciones y establecer programas de intervención y reducción de riesgos.
La seguridad tampoco puede ser responsabilidad exclusiva del Gobierno. Es un ejercicio de responsabilidad que tiene que involucrar al Gobierno, a las empresas, a la sociedad civil, al ámbito educativo, a la academia y a la investigación. La colaboración público-privada es fundamental.
Espacios como un Congreso permiten generar reflexión, compartir conocimientos y desarrollar nuevas ideas. Nunca sabemos exactamente cuántas vidas puede llegar a salvar una iniciativa que surge en un espacio de estas características. Por eso son tan importantes estos espacios de reflexión e intercambio. No se trata solamente de asistir a un Congreso, sino de generar iniciativas, proyectos y nuevas formas de trabajar por la seguridad. La prevención consiste, en definitiva, en transformar información en conocimiento, conocimiento en decisiones y decisiones en entornos más seguros para las personas.
Un mensaje para CEA
Creo que CEA tiene una posición especialmente interesante porque conecta formación, prevención, empresas y cultura vial. Tenemos una oportunidad importante para seguir aprendiendo, intercambiando experiencias y buscando nuevas soluciones. La seguridad no es responsabilidad de una sola institución. Es una responsabilidad compartida y requiere la participación de todos. Ese tipo de redes son esenciales para que la seguridad vial deje de ser una suma de acciones aisladas y se convierta en una cultura compartida. Por eso es tan importante seguir generando estos espacios, impulsar iniciativas y poner en valor todo el trabajo que se está realizando.
Muchas gracias por la invitación y por este espacio. Ha sido un placer compartir, aprender e intercambiar experiencias, tanto a nivel personal como profesional. También quiero felicitarles por el trabajo y por el impulso que están dando a estas iniciativas. Es importante poner en valor la seguridad y seguir trabajando en ella de cara al futuro.
Paola Cifuentes Valenzuela - Departamento Comunicación