¿Cómo afecta la Ley Emilia a una empresa si un trabajador conduce bajo los efectos del alcohol?
La conducción bajo los efectos del alcohol constituye uno de los riesgos más relevantes para la seguridad vial. En el ámbito laboral, sus consecuencias pueden ir mucho más allá de una infracción de tránsito, especialmente cuando el trabajador conduce un vehículo de la empresa o se encuentra realizando tareas propias de su cargo.
Pero, ¿qué ocurre con la empresa cuando uno de sus trabajadores conduce bajo los efectos del alcohol? Aunque la responsabilidad penal recae principalmente en el conductor, pero una empresa puede enfrentar consecuencias civiles, laborales y reputacionales cuando un trabajador provoca un siniestro mientras cumple funciones.

La Ley N.º 20.770, conocida como Ley Emilia, endureció las sanciones para quienes conducen en estado de ebriedad y causan lesiones graves, gravísimas o la muerte. Las sanciones pueden incluir penas de cárcel, multas, inhabilidad perpetua para conducir y, en determinados casos, el comiso del vehículo.
Es importante precisar que la Ley Emilia no sanciona automáticamente a la empresa por el solo hecho de que un trabajador conduzca bajo los efectos del alcohol. La responsabilidad penal es personal y corresponde, en principio, a quien conduce. Sin embargo, el escenario puede cambiar cuando el hecho ocurre durante la jornada laboral, en cumplimiento de una tarea, utilizando un vehículo corporativo o en el ejercicio de una función de conducción profesional.
¿Dónde está el riesgo para la empresa?
Uno de los principales focos está en la responsabilidad civil. La Ley de Tránsito contempla responsabilidad solidaria del conductor, propietario y tenedor del vehículo respecto de los daños y perjuicios ocasionados con su uso, con las excepciones que establece la propia legislación. Por ello, un siniestro provocado por un trabajador puede generar para la organización costos asociados a daños a terceros, reparaciones, seguros, paralización de operaciones, acciones judiciales y eventualmente daño reputacional.
La exposición también puede aumentar cuando existen antecedentes de una gestión deficiente del riesgo: falta de protocolos, ausencia de capacitación, controles insuficientes o tolerancia frente a conductas inseguras.
Servicios para empresas con flotas de vehículos
Prevenir antes de que ocurra el siniestro
Desde la perspectiva de la seguridad vial laboral, la principal pregunta no debería ser solamente qué hacer después de un accidente, sino cómo evitar que una persona en condiciones no aptas llegue a conducir. Las empresas que cuentan con vehículos y conductores deben considerar políticas y procedimientos claros sobre alcohol y conducción, capacitación, control de licencias, gestión de riesgos y actuación frente a situaciones que puedan comprometer la seguridad.
En materia de controles de alcohol y drogas, la Dirección del Trabajo establece que estas medidas deben estar incorporadas previamente en el Reglamento Interno de Orden, Higiene y Seguridad, respetando los derechos fundamentales de los trabajadores y criterios de idoneidad, necesidad y proporcionalidad. Esto es especialmente relevante para las organizaciones con flotas, donde una decisión individual puede tener consecuencias para el conductor, otros usuarios de la vía y para la propia empresa.

Una cultura de seguridad vial
La gestión de flotas no consiste únicamente en administrar vehículos. También implica gestionar personas, comportamientos y riesgos. Por eso, contar con protocolos conocidos por los trabajadores, promover una cultura de autocuidado, supervisar las condiciones de conducción y actuar oportunamente frente a conductas de riesgo son elementos fundamentales de una estrategia de seguridad vial laboral.
En CEA creemos que la seguridad vial debe abordarse desde la prevención y la anticipación. Detectar un riesgo antes de que se transforme en un siniestro permite proteger vidas, reducir costos y fortalecer la continuidad operacional de las organizaciones. Porque en seguridad vial, prevenir siempre será mejor que lamentar.