Prórroga de licencias de conducir en Chile: más plazo para renovar, misma responsabilidad al conducir
La reciente aprobación de la prórroga en la vigencia de las licencias de conducir entregará un mayor margen de tiempo a miles de personas para realizar su trámite de renovación.

La medida —que aún debe completar su tramitación constitucional para convertirse en ley— tiene como objetivo principal descongestionar los departamentos de tránsito municipales y facilitar la transición hacia la futura licencia de conducir digital.
En términos prácticos, el nuevo escenario considera:
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Las licencias que vencían en 2025 se extenderán automáticamente hasta el 31 de diciembre de 2026.
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Las licencias que vencen en 2026 contarán con una prórroga adicional de seis meses desde su fecha original de expiración.
Se trata de una decisión que busca responder a una realidad administrativa concreta. Sin embargo, desde la perspectiva de la seguridad vial, es importante comprender que el plazo legal es solo una parte de la ecuación.
Renovar no es solo un trámite administrativo
La licencia de conducir no es únicamente un documento habilitante. Su renovación periódica cumple una función preventiva clave: verificar que la persona mantiene las condiciones físicas y psíquicas necesarias para conducir con seguridad.
Extender su vigencia implica, en la práctica, ampliar el intervalo entre evaluaciones médicas y psicotécnicas. En un país como Chile, donde el parque automotor continúa creciendo y la siniestralidad vial sigue siendo un desafío relevante, este punto merece atención.
Para conductores particulares, la reflexión es sencilla pero fundamental: aunque exista más plazo legal, ¿mis condiciones de salud, visión, concentración y capacidad de reacción siguen siendo adecuadas para conducir de manera segura?
En el caso de empresas y flotas, la mirada debe incorporar además la gestión del riesgo, la responsabilidad organizacional y la protección de sus trabajadores y terceros.
Ley Jacinta: un nuevo estándar de corresponsabilidad
A partir de 2026 comenzará a regir una nueva exigencia derivada de la denominada “Ley Jacinta”. Quienes soliciten o renueven su licencia deberán presentar una declaración jurada que acredite que no padecen enfermedades inhabilitantes o restrictivas para conducir.
Si una persona omite información relevante y posteriormente participa en un siniestro, se expone a una infracción grave y a la cancelación de la licencia.
Este cambio normativo refuerza un principio central: la responsabilidad no recae únicamente en la autoridad que otorga la licencia, sino también en el propio conductor. La seguridad vial se construye desde la corresponsabilidad, donde la honestidad y el autocuidado adquieren un rol determinante.
Una oportunidad para fortalecer la cultura preventiva
La prórroga, junto con la transición hacia la licencia digital y las nuevas exigencias legales, puede transformarse en una oportunidad para modernizar el sistema y fortalecer la cultura preventiva en el país.
Desde CEA creemos que el cumplimiento normativo es el punto de partida, no el objetivo final. Una seguridad vial efectiva se construye sobre pilares concretos:
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Evaluaciones responsables, incluso antes del vencimiento legal.
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Conciencia sobre el impacto de enfermedades, fatiga y medicamentos en la conducción.
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Cultura de prevención en el ámbito personal y organizacional.
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Gestión sistemática del riesgo en flotas y conductores profesionales.
La prórroga entrega tiempo. Pero la seguridad vial no puede postergarse.
Más allá del nuevo plazo, la conducción segura sigue dependiendo de un principio esencial: estar en condiciones reales de manejar sin poner en riesgo la propia vida ni la de los demás. Ese estándar debe mantenerse siempre, con o sin extensión de vigencia.